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«JOHNNY TOSS: primera parte»

«JOHNNY TOSS: primera parte»
octubre 11, 2017 MANUEL DONADA

Antes del verano, Johnny y yo, empezamos a quedar en uno de mis bares preferidos de Madrid al que bautizamos como «El Tertulias». No me refiero a que nos hayamos conocido hace poco, me refiero a que un día, después de años de amistad, decidí desvelarle mi gran secreto, llevarle a mi pequeño oasis y compartir con él un sitio donde también se pudiera sentir seguro como yo. El lugar es apasionante, de los que ya no quedan y de los pocos que no han transformado en un bar de Crujicoques pochas a precios millonarios (no te digo como se llama porque creo que lo están traspasando y sería muy triste que un día llegara y me encontrase un café Apple wanna-be parisino. Ya lo hicieron con el Hermanos Campa y para mi fue un verdadero trauma).
Allí hemos pasado tardes interminables entre gin-tonics a 4€, anotaciones, risas, pura demagogia, subidas de tono, debates eternos, roña madrileña y cucarachas del tamaño de un long-board. Un lugar perfecto de escapada para planear, fanstasear y alzar la voz contra un Estado maloliente que se derrumba a pasos agigantados entre enfrentamientos ridículos y mala gestión.: obvio. Aquí queda transcrita la primera parte de un intercambio constante de frases repipis, cansinas, repelentes, pedantes… y preguntas quasi-inconexas sobre algunos temas banales que no creo que iluminen a nadie. Todo esto ocurrió El Tertulias, en los recreativos y por las calles de Madrid.

Próximamente más (por cierto, las fotos son de Francisco Úbeda Llorente, un maestro)


«Tú, fíjate… A los que volvieron de la División Azul… ¡flipas!. Al volver de la guerra, mi abuelo, de repente, era administrador de fincas, era director de una empresa eléctrica, les pusieron una bombonería en el edificio de España, una tienda de electrodomésticos en toda la planta baja…. Y, espera, que luego era colega de Bernabéu y toda esta peña».



– En realidad, no tengo nada planeado, ninguna pregunta en concreto. Vamos a ir viendo hacia donde nos lleva esta conversación o esta «charla-coloquio». Para empezar (como siempre) cuéntanos quién eres y qué haces. Una breve introducción típica para ponernos nerviositos.

– Básicamente me dedico a intentar hacer cualquier cosa para que la gente no piense que no hago nada.

(silencio).

– ¿Y ya está?. ¿Esa es tu introducción?. En realidad hay mucha gente así, qué decepción…

– ¡No, a ver!… intento hacer algo con mi vida.

– No se, cuéntanos un poco de dónde vienes, tu historia… ¿Cuándo aparece Johnny Toss?. Por qué te llamas Juan Tosina, ¿no?.

– A ver, el nombre surgió cuando yo trabajaba en publicidad, de redactor publicitario y poco más. Fue durante aquella época en la que estalló toda la mierda esta de los gin tonics y las marcas “guays”. En ese momento me estaba leyendo Alicia en el País de las Maravillas y venía al pelo para toda la imagen que querían darle. Todo evocaba mucho a la inusualidad, la locura… Y también, el pepino, Hendricks y demás, ya sabes.

– Sí, me acuerdo. Gin tonic para pijos Kronen muy «loquis» que no sabías si lo que querían era cenar o querían beberse una copa. Echaban mucha mierda en esas copas, tío. Me acuerdo de las invitaciones y los carteles de Hendricks en plan: grabados antiguos… ¡Espera!, ¿Qué libro de Alicia dices?.

– La edición que venían los dos juntos: A través del Espejo y En el País de las Maravillas. Esos dos libros me vinieron perfectos para ese trabajo. Justo a tiempo. Me dijeron: “toma esta botella, bébetela y escribe”. Llegué a mi casa y le dije a mi abuela que en mi primer día de trabajo me habían dado una botella de ginebra para ponerme a currar. Ella me dijo algo del tipo “¿para eso te pago los estudios?”.

– Y se la bebió ella…

– ¡Ja, ja!, no. Me metí en mi cuarto, me hice un porro de marihuana, me bebí la botella y empecé a escribir. Hice un librito de poemas para Hendricks.

– ¿Y eso se publicó sin tu nombre, solo bajo la marca Hendricks?. ¿Y se lo  han quedado?. Prfff…

– Bueno, eran cinco páginas sólo.

– Ya, pero es tuyo. Aunque sea una línea. Bueno, las ideas son de todos en realidad pero sin ánimo de lucro. El ser humano no descubre nada, sólo se lo encuentra. Las ideas son colectivas, el plagio no existe…

– ¡Buah!, era un fake, en realidad. Me la suda. Abrías la caja, la botellas estaba metida y dentro había como unas hojitas pequeñas…

– Creo que me acuerdo de eso porque lo vi en una cata donde podías beber gratis. Venían con un lazo, ¿puede ser?.

– Sí, super cutre.

– En realidad, nunca leí esa mierda. Yo iba directo a por la botella.

– No me extraña. A partir de ahí, cuando se empezó a desarrollar todo el proyecto, me inventé un personaje que se llamaba Johan Toss. Utilicé una foto mía que puse en tonos amarillos donde salía vestido con unos tirantes. Lo hice para la campaña, como si fuera un retrato o algo parecido. Hicimos un periódico de Hendricks lamentable y salía ahí. Ya sabes, los clientes quieren eso, son los que tienen la pasta y quieren pijadas…

– Las juventudes del PP quieren periódicos con iconos tristes que ya hemos visto mil veces. Les asusta el cambio, se corren con lo clásico. Temen arriesgarse. En fin… Vaya gilipollez he dicho.

  El jefe de la agencia era un pijo facha, imagínate. Estudió farmacia. Era más que nada una empresa familiar. Un poco “Cuéntame”.

– Bueno, no creo que hiciese biológicas ni que alzara su puño en las fiestas del PCE.

– A ver, en el periódico escribimos noticias falsas. Yo hice una que decía “Johan Toss, creador del movimiento inusualista…“, como si hubiese creado una tendencia. Y al final lo de Johan acabo siendo Johnny. En realidad, de ahí viene. Y todo el mundo empezó a llamarme Johnny por el personaje ese…

– ¡Vaya!, creí que me ibas a contar algo mas inquietante sobre el origen del nombre. La historia de algún inglés anarquista que la lió luchando con las brigadas internacionales durante la guerra civil y del que eres fan o admiras…

– Pues, fíjate, una puta agencia de publicidad en el barrio de Salamanca. La realidad es así de triste, pero bueno…

(silencio)

– Te quería preguntar: ¿Tú te acuerdas de aquella primera vez que escribiste algo y pensaste “me flipa escribir”?. Que te lees a ti mismo, te lo vibras y te mola, sientes que tienes algo que decir, que tienes que mandar un mensaje… ¿tú recuerdas de ese día?.

– Si, recuerdo empezar a escribir cuando estaba sacándome el bachillerato nocturno…

– ¿14 años o así?.

– No, porque yo deje el colegio con 18 y luego volví. Bueno, en realidad, en octavo. Luego, en seguida, me puse a trabajar… ¡Espera!. Yo estaba hasta la polla porque a mi me pillaron todas las reformas esas, entonces, yo hice EGB, ESO, Lo otro… Ahora no sé, no me entero.

– ¿Pero que edad tienes tú?

– Yo soy del 80 pero ya había repetido una vez así que me pillo toda la mierda esa. El caos. Llego un momento que no sabía ni en que curso estaba (risas).  Había hecho tantas movidas ya que llegaba al jefe de estudios y le preguntaba: “A ver, ¿cuántos años me quedan para acabar esto? ¡¿a que edad voy a terminar?!”

– ¡Ja, ja!. Rollo: «¿cuál es mi mesa?, ya no me entero…»

– ¡Ja, ja!. Sí. “¿Dónde me siento? porque no voy a hacer nada”… A ver, yo de pequeño era un poco malo, un poco travieso…

– ¡¿Malo, qué «malo»?! Defíneme la palabra “travieso”. Porque ISIS para algunos son unos tipos traviesos también.

– ¡Ja, ja! joder… Pues me echaban de los colegios por romper cosas, por pegarme con gente, por liarla… Entonces, llegó un punto en el que me habían echado de tantos sitios que mi abuela, ya desesperada… Bueno, era una santa, fascista, pero una santa. !ja, ja!. ¡Menuda santa!

“Fascista” y “Santa” son dos palabras que en algunos sitios se llevan bien, no te preocupes.

– Ya. Mi abuela llamaba a los colegios y decía “tengo aquí a mi nieto y no tiene donde estudiar, ¿puede ir a tu colegio?”.

– ¿Y no te pedía opinión?. Ya eras mayorcito para saber a donde querías o no querías ir…

– Yo no estaba en una situación guay para exigir gran cosa hasta que en octavo le dije que no quería ir más, así que lo dejé y me metí en una gestoría. De “chico para todo”, vamos.Ç
Tenía un jefe que era igual que el señor Burns: el señor Molina. SEÑOR. Le llamaba “Señor”.

– ¡Hostia, ahí empezó la leyenda de los picaportes!. ¿Te acuerdas un día que estábamos tomando mezcalina y nos contaste la historia de los picaportes?. ¡Qué risa!.

– ¡Ja, ja! Espera… estamos en la gestoría administrativa todavía. Eso luego.

– Joder, ¿Y como era el día a día?. Perdona, pero me lo imagino todo horrible. En el trabajo y al llegar a casa.

– Pues, tío, en esa época me pagaban MUY BIEN, era joven y encima no tenía ningún tipo de gasto. En realidad, me pagaban y me lo gastaba todo en 3 días. Todo en fiestas. Alquilábamos habitaciones en hoteles, desfase… Lo de las habitaciones molaba. Iba con mis amigos, llamábamos al Telebotellón, fumábamos, escuchábamos música y nos poníamos pedo. No consumía droga por aquel entonces. A ver, droga, tu me entiendes…

– Eres un poco Historias del Kronen, ¿no?.

– ¡Ja, ja!. Es que crecí con gente del barrio de Salamanca, ¿qué esperas?. Era la época en la que había un garito pijo que se llamaba Gabana.
Me acuerdo un día que estaba en Gabana y ví a mi jefe con Lorenzo Sanz y dos putas rusas en unas mesas. Hice contacto visual y el Lunes me llamo a su despacho…

– ¡Qué asco!. Es muy español eso, por desgracia. Pero de un español detestable de cierta clase social.

– Pues me dijo “Espero que estés contento en la agencia”. No me dijo nada más pero capte el mensaje. No me subió el sueldo, que pena. Yo  creo que él me dio a entender algo como “no me jodas”. Era dantesco. Estábamos ahí en la discoteca los dos lados opuestos de la empresa creando un lazo.

Al poco, acabé hasta la polla y me fui. Quería darme otro puesto y dije que pasaba. Un día me pire sin más pero tenia que haberle dicho algo a su mujer.

– Tu siempre saltos radicales. De leer libros del Barco de Vapor al Rodaballo. Y de lo más pijo y fachita a lo más marginal de Madrid. Lo digo porque se que libros leías de pequeño y a que otros libros saltaste de repente. Hemos hablado de esto en alguna ocasión. Luego lo retomamos… Lo de «de pijín rebelde a punk» también.
En verdad, todo esto que me cuentas es super extraño para mi porque no conozco otro Johnny que este y no te pega esta historia del curro y del barrio y tal. No te visualizo.

– Bueno, todo es un camino hasta encontrar algo que te llene. Joder, pues después de eso me pille dos trajes y me metí a vender seguros por teléfono. A comisión. Aguante dos meses. Luego en joyerías Pomellato de mujeres con champán y perrito, de las que se gastan 2000€ un Martes por la mañana.
Tenía una jefa super clasista y que ponía el aire acondicionado a 10º. Entrabas y estaba nevando. La tía me decía “para vender joyas tiene que hacer frío”. También trabajé en zapaterías, tiendas de ropa rollo Armani

– ¿Qué tiene que ver el clasismo con el aire acondicionado? ¿Cuál es la conexión?

– No lo se. A lo mejor lo vi en alguna revista de tendencias.

– Y de toda esa peña, ¿hablas con alguien o tienes contacto?

– No.

– A ti te paga ser botones.

– Si, Sacarino. ¡Ja, ja!.
¿Tú te acuerdas de Gino Cherrutti?… Pues había una tienda enorme en Velázquez y hubo un verano que la estuvieron liquidando. Ahí, fue donde me di cuenta de que quería estudiar publicidad, creatividad…

– No te pega mucho la publicidad. Estoy re-descubriendo un nuevo Johnny. Tengo miedo. No te pega mucho vender motos. No te pega ser un charlatán.

– Ya, pero como me molaba escribir, pensé que publicidad podía molar. Rollo de redactor…

– de Copy, dices…

– Si, bueno… creatividad sobre todo. El primer año me lo pagué trabajando y luego mi abuela, que tenía mucha biruta. Le dije “abuela, págame tú esto que yo estoy harto…”.

– Hombre, creativo eres y yo creo que si eso no sale de alguna manera, terminas loco perdido, encerrándote en ti mismo y te vuelves tarumba. Si no florece te lo comes y si te lo comes, se pudre.

– Pues ese verano estaba en la tienda, solo, super aburrido, no entraba mucha gente… Estaba mi jefe que era un jovencito que me tiraba los trastos. CLARAMENTE. Bueno, como estaba aburrido y me di cuenta que no había ningún tipo de inventario, cogí 5 o 6 mil euros en ropa, colonias… Empecé a fijarme en las cámaras, ángulos muertos, horarios y demás para que no me pillaran. Solo tenían una cinta y si no pasaba nada, le daban la vuelta y grababan encima.
Las camisas, relojes y colonias me las llevaba en mi bolsa personal metidas entrela ropa sucia. Mi ropa de calle, porque iba en traje a currar.

Lo de los trajes fue mas complicado. Llamé a 3 colegas para que se pasaran a lo largo de la semana vestidos de pijos con un porta-trajes vacío, como si vinieran de otra tienda. En el probador me iban pidiendo trajes y trajes y ante la confusión metíamos uno en la movida esa. Así nos llevábamos los trajes de mil y pico euros de 3 en 3.

– ¿Sabes que esto es público y la van a leer, no?

– Me la suda.

– ¿Y qué tipo de ropa te llevas de una tienda así? ¿te lo ponías?.

– Aún conservo un jersey negro que costaba 500€.

– Dámelo. Oye, ¿y qué pone Johnny Toss en su currículum?.

– Tonterías. Lo que he hecho y ya está. Como todo el mundo, supongo. Depende de a que trabajo vaya dirigido. Me gustaría hacer más cosas de diseño gráfico. Pero no ser freelance, que es un coñazo. No quiero ir detrás de la gente. Estoy hasta la polla.

Ah!, después del gran golpe me fui a una feria de esas donde van las universidades, creo que se llamaba AULA o algo así… ¡Joder!, me acuerdo que en el instituto nocturno CUMBRE engañaba al de los pagos porque era un viejo que no se enteraba de nada. Le daba recibos hechos con photoshop, como si ya hubiese pagado, y me quedaba la pasta. Se la colé durante mucho tiempo. Así me saqué bachillerato.

– ¿Si, no?.Bachillerato Adobe.

(más gin tonics)

– De esa manera y porque le regale una televisión de plasma al director. Me planté en su casa un día con el regalo y me aprobó.

– Bueno, está guay. Yo me salté la objeción porque le regalé un puto jamón al tío que me tenia que firmar la asistencia. Era majo, en realidad. Me salvó de un buen marrón. No me acuerdo de donde saqué el jamón… Estaba más acojonao de que me mis padres me pillaran y tuviese movida en casa que del episodio en si. Fue muy simple. Un truque de mierda pero necesario.

Eso sí, casi tengo que hacer la mili. Ahí si que me cagué. Era un desastre y no rellené nada, ni me presenté en ningún sitio ni hostias. Un día me llegó una carta a casa fresquísima diciéndome que tenia que presentarme a no se que movidas para que me hicieran el chequeo medico, medidas, pillar tallas… Recuerdo mirar la fecha exacta a la que tenía que ir y pensar “esto es real, está pasando”. Iba directo al servicio militar. “Soldado Donada, señor, si señor”. Al final me libré y justo ese año se acabo la puta basura de la mili.

– ¡Ja, ja!… Durante esa temporada también falsificaba otros documentos. Las tarjetas de residente para el coche de la peña, por ejemplo. Cuando termine, entré en la universidad (sin hacer selectividad porque era privada) me licencié en Creatividad y Técnicas Publicitarias y me especialicé en Redactor Creativo.

– ¡Vale, para aquí!. Es raro, te voy a ser sincero. Me has contado toda tu trayectoria y estoy flipando. Yo pensaba que me ibas a contar una historia oscura de marginalidad extrema, alguna influencia loca que te empujó a la escritura, la lectura y tal… No me esperaba para nada que me hablases de universidades, cursos, tiendas de pijos, círculos de gente pudiente, etc (que puede ser traumático también). Pensé que me hablarías de lo que paso con tus padres y que fue eso lo que realmente te inicio en las letras, escudarte en ese mundo y esconderte. Me ha sorprendido, nada más.

Me has contado tu trayectoria laboral y a mi me interesa tu trayectoria emocional. Me interesa más el rollo “¿por qué Johnny escribe y es tan diferente?”. Espero no haberte ofendido…

– No te preocupes… hmmm, yo tuve una movida familiar y con 20 años escribía poemas HORRIBLES tipo Becquer, que es un pastoso. Es horrible… ¿Eso vale?

– Vale, pero yo me refiero a la pasión real, ¿dónde están esas raíces?. ¿Qué te ha hecho ser ese personaje extraño que yo he conocido?.

– Pues, claramente, Rimbaud y Baudelaire. Pero antes de eso escribía poemas horribles para ligar con chicas, tío. ¡Mira que chungo!.

– Bueno, hay personas que utilizan guitarras y otras poemas. No pasa nada.

– No me acuerdo de ninguno, menos mal. Bueno, ni de lo que escribo ahora. Además lo quemé todo. Eso y lo de este año. No se como cayó un libro de Becquer en mis manos y lo arruinó todo. Me puse romántico con una tía. ¡Qué vergüenza!.

En el instituto había un concurso de poesía y me presenté…

– ¡Y ganaste!.

– No, quede segundo. Ganó una tipa que escribía muy bien.

– ¡Ja, ja, ja!. Ok. No esperaba menos…

– Una profesora me dijo que siguiera escribiendo. Me caía bien. Me dijo “esto es solo el principio, no es importante, vete más allá. No te quedes en la poesía de Becquer”. Y me regaló un lote de libros.

– ¿Qué lote de libros? ¿Cuáles eran?. El Mein Kampf y…

– Eran varios pero uno me llamó la atención sobre los demás: El Lobo Estepario.

– En algún momento de nuestras vidas todos nos hemos creído un poco el lobo estepario. ¡Qué flipaos!.

– Pues me lo leí y.. ¡Hostia puta!. Me dejó loco. Me quedé en shock por eso empecé a investigar todo el rato sobre Hermann Hesse. Me leí Siddhartha y Demian del tirón. Es que El lobo , Siddhartha y Demian son una trilogía. Por eso…

– ¿Pero eso es oficial?. Es Demian, El Lobo y Siddhartha, creo, pero no se si es de verdad o es algo leyenda o la gente cree que es una trilogía. Mira en google, a ver… Bueno, yo que sé… Yo soy más del Guardian entre el Centeno. Según me has contado ahora, con los estudios, los de colegios y gente de bien… te pega más. Alta clase rebelde.

– No lo he leído.

– ¡¿NO?!. Yo te lo regalo.

  Luego me moló Easton Ellis. American Psycho… Me he leído casi todos.

– He leído alguno pero ni me acuerdo. El típico, supongo.

– ¿Menos que cero?. Que fue un bestseller, que le hizo millonario con 20 años…

– Puede ser… ¡Ah! más pijos americanos desfasados. Ya se…

American Pyscho… la gente se cree que es sólo una peli.

– Bueno, siempre la peli antes que el libro, ¡ja, ja!

– Si, me bajo el libro y me compro la peli. Antes de que salga el libro hay peli ya…

– ¡Ja, ja!.

– Pues ese libro está escrito a lo grande y luego esta repartido. Separado a cachos… Flipas en colores con las paranoias de este tío. Bueno, tú que eres fan de Jóvenes Ocultos tienes que leerte Los Confidentes. Son historias cortas y hay una historia de unos vampiros rockeros.. ¡Bah!, es super guay. Si quieres volver a ser amigo de Easton Ellis yo te lo regalo para que te lo leas.

– Bueno, Burroughs también hacia eso. Escribía a lo loco, lo cortaba donde le salía de los cojones y se sacaba un libro de la manga. No me refiero a la técnica del Cut-Up, digo novelas o lo que sean…

– Y después Bukowski…

– ¡Hostias, qué pesado!. A ese sí que no lo aguanto…

– Es un escritor sobrevalorado pero en novela, ¡OJO!. Los poemas de Bukowski son la hostia. Era mejor poeta que otra cosa. Yo creo que escriba novelas porque con la poesía se moría de hambre. Lo que mola realmente de Bukowski es el tío que lo lee para inspirarse… Como el otro día que hablamos de John Fante.

– Si, de que Bukowski admitía que era su gran referencia…

– Eso, hay que leer siempre al bueno de la cadena.

– A ver, esto es un pregunta seria: Cuando Johnny se sienta en una habitación solo, sin nadie, en silencio, sin música… ¿qué piensa?.

(silencio largo)

– Si estoy haciendo eso es para no pensar en nada. Lo que quiero es evadirme.

– Ya, eso es muy bonito pero siempre aflora un pensamiento y te atrapa.

– Quizá termine pensando en qué haría si tuviera mucho dinero y termino con la conclusión de que es mejor no tenerlo. Todos los problemas que tengo son por dinero. Por tenerlo o no tenerlo. Da igual.

– Es cierto, siempre que hablo contigo, en algún momento, me cuentas lo jodido que estas con el dinero, con algún pago, con algún lío… Estamos en el mismo plano. Somos un desastre. Siempre al límite en la cuenta.

– Desde la muerte de mi abuela todo cambió. Desde el 2012.

– ¡Ah!, pensé que fue hace mucho tiempo. Perdona… ¿Y como lo viviste?.

– No se, la gente ya muerta tampoco me interesa mucho. Si se llega a morir cuando tenia 10 años sí que hubiese sido una catástrofe pero, no sé… Ahora que hablo contigo me doy cuenta que me he pasado, la mayoría del tiempo, desde los 18 a los 30 los en casa de mi abuela fumando porros y leyendo libros, básicamente. A ver, no es malo ni bueno, pero me acabo de dar cuenta. He estado años. Al final, casi todo el dinero que caía en mis manos era para libros y para porros. Me acuerdo que le pedía dinero a mi abuela, rollo 20 o 30 pavos, y me iba a la Cuesta Moyano a ponerme las botas. Allí con ese dinero eras Dios.

Yo vivía cerca del Retiro. Entraba por una puerta, pillaba porros, me bajaba la cuesta y volvía a casa con 5 libros. El hombre más feliz del mundo.

– Tío, ¿Cómo eran las conversaciones con tu abuela?. ¿Qué os contabais?.

– Con mi abuela empecé a llevarme mejor cuando más mayor fue ella y más maduro fui yo. En esa época yo fumaba muchísima marihuana (que entrabas a mi casa y apestaba a hierba) así que pocas conversaciones tenía. Tío, mi abuela no se enteraba de nada, creo.

– Bueno, olería a tabaco para los jóvenes…

– Es que fumaba mucha hierba, pero muchísima. Iba al trabajo y lo único que tenia que hacer era pasar los contratos, los partes y esas cosas a máquina. No había internet. Era todo lento. Por las mañanas escribía a máquina y archivaba… super monótono. Era el mismísimo Ignatius J Reilly y además…

– ¡Ja, ja! ¡joder, te lo juro!, el otro día estaba pensando “Johnny es un poco Ignatius”. A ver, un poco…  No te enfades que yo soy muy fan.

– No pasa nada, es uno de mis libros preferidos. En esa época era un poco Ignatius, sí. Trabajo mecánico.

– Pero, aún siendo mecánico, Ignatius lo que mola es que se plantea cosas, se hace preguntas…

– Exacto. Yo tenia 3 funciones: máquina de escribir, archivar y entregas por las tardes. Estaba muy bien pagado. Era aprendiz de auxiliar administrativo. Había peña que hacia las entregas en moto y tal. Yo las hacia en metro o en autobús. Llevaba mi bandolera del Coronel Tapioca y…

– ¡Hostia, qué cabrón! ¡El Coronel Tapioca! ¡ja. ja!… ¡Eres generación Tapioca!.

– ¡Ja, ja!… había muchas mañana que llegaba y me decían donde tenia que ir y me recorría Madrid entero con mi callejero, sin móvil, como un turista. Aprendi muchísimo de las calles. Me las sabía todas. Hablaba con los funcionarios, llevaba la gestión y todo eso. Iba con mis apuntes de los documentos para saber que tenía que utilizar. Una puta locura. Sobre todo la espera. Eso era una mierda.

– ¿Y qué te aporto ese trabajo?.

– Aprendí, más que nada, que el ser humano es un hipócrita. Durante ese periodo escribía mucho. Y leía, leía, leía… (pausa larga). ¿Sabes?, con 15 años lei el Marqués de Sade y me fascinó. Después empece a interesarme por la filosofía antigua para meterme de lleno en el mundo de la poesía.

– ¿Por qué te marco tanto el Marqués de Sade?.

– No se, porque venía de leer cómics y libros rollo Fray Perico y su Borrico

El Pirata Garrapata… Barco de Vapor forever. Yo era más de Alfaguara, del Pequeño Vampiro y eso. Más tarde de Dungeons & Dragons y y los de Elige tu propia aventura también. Me flipaba la fantasía. Recuerdo cuando íbamos a Pryca y mi madre me dejaba elegir un libro. Miraba la portada y pensaba «¡buah, chaval!, aquí sale un elfo a caballo, tiene que molar» … todo muy gay pero fascinante. Luego miraba los posters que había de Boris Vallejo porque salían tetas. Tenía 26 años… ¡Qué no!. 

– ¡Sí, esos libros!. De repente, me llego La Historia Interminable y de ahí pasé…

– ¡Joder, ,me ecantaba ese libro!. La edición que tenía dos colores. Rojo y verde. ¿Sabes?.

– ¡Sí, sí!. Me quedé atrapadísimo con ese libro. Lo verde era lo que le pasaba a Bastian y lo demás era color vino. El mundo de Fantasía, vamos. Lo que él estaba leyendo o algo así.

– Las ilustraciones eran la hostia. Me acuerdo que las miraba detenidamente. En dos colores… No me acuerdo de quién eran.

– Pues después de eso pasé al Marqués de Sade

– ¡Joder, vaya salto!. De la literatura infantil más clásica a una literatura más que adulta.

– Puede ser. Fue muy radical. En seguida me entró la curiosidad por la filosofía de Platón, Aristóteles, Nietzsche, etc, y literatura más seria. Como he dicho antes, Herman Hesse y tal. Luego de ahí pasé a la típica literatura romántica española… ¡yo que sé! Machado, Lorca…

– Pero espera, esto no será lo que te “obligaban” a leer en el colegio, ¿no?. A mi me hacían leer mierda. Que puede que sean clásicos y todo lo que tú quieras, pero me aburría de forma extrema. La puta Celestina. La odiaba. A Calisto y a Melibea también. Y los típicos chistes erotico-jocosos entre la peña de clase. A todos. ¡Qué horror!. Fuenteovejuna, dios… En el colegio deberían dejarte leer lo que más te gusta y motivarte para que leas otras cosas, digo yo.

– Cierto, una basura. El Sí de las Niñas y tal… Ya me acuerdo.

– En realidad, la literatura fue un poco tu refugio, ¿no?… Para poder lidiar con todo lo que te estaba pasando…

– Si.

– Me refiero, no sólo al curro y la situación en casa, sino también a lo de tus padres. Espero no tocar un tema delicado…

– Yo con la literatura, por fin, encontré algo que me hacía feliz.

– Eso me parece muy guay. No todo el mundo puede decir eso… Es romántico.

– En algo tan sencillo como un libro encontré una isla.

(trago de gintonic)

– A mi, uno de los libros que me cambió la vida fue La Vida Exagerada de Martín Romaña de Bryce Echenique. En mi familia es un clásico. Me lo leía en el bus de camino a clase y me lo flipaba. Esa sensación de no querer llegar a tu destino porque tienes que dejar de leer… ¿sabes?.

– El mío, estando enfermo, con 12 o 13 años, como ya te he dicho, fue La Historia Interminable.

– Bueno, sí. Me he venido arriba. Yo creo que hubo otros antes que seguro que me hicieron tilín. Con la Ciudad y los Perros me quede loquísimo, por ejemplo. Odio a Vargas Llosa… La verdad, es que es difícil elegir un solo libro. Lo típico. Si te soy sincero, yo empecé a leer muy tarde y me arrepiento de ello. Eso si, los tebeos me volvían loco porque ademñas me enseñaban a dibujar y tal…

– Yo leía mucho a Asterix y Obelix, ¿eh?

– ¿Nada de Marvel? ¡te mato!.

– No, tío. Zipi Zape, Super López, 13 Rue del Percebe… Ibañez y tal. Y luego los de Disney. Esos que eran gordos y azules…

– ¡Sí! me acuerdo, que de hecho se llamaban “Películas” o algo así. Que eran como las pelis pero en viñetas… Como un story. Yo tengo en casa. Te los voy a enseñar. Son chunguisimos, verás. Super tristes y con colores apagados. Un claro ejemplo de una infancia lamentable.

– También era muy de Anacleto… ¡Vázquez!.

– ¡Claro!. ¿Y cómic americano?

– No. Nada. No lo trabajé. Algo tengo pero nada.

– Hombre, independiente y underground es más raro, no se, pero Marvel y DC en nuestra infancia estaban muy presentes también. Al menos en la mía. Me resulta difícil pensar en alguien que se haya criado con Zipi y Zape y no haya leído nunca nada americano. Estaban también en los kioscos.

– A ver, alguno de Spiderman, sí. Pero lo que mas leía era Asterix y Obelix. ¡Los devoraba!.

– Con Goscinny y Uderzo siempre aprendías historia y cosas. Marvel era para venirte arriba, fantasía, tipos en pijama salvando el mundo… Pero también había amor, historias guays, futurismo, ciencia ficción…

– Cada libro de Asterix y Obelix era una gran aventura. Me encantaban. Bueno, eso y los huevos Kinder. Hubo una época de mi infancia que estaba obsesionado, pero obsesionado de verdad, con los regalos que venían en los Kinder. Me flipaba lo que venía dentro. Tenía 12 años.

– ¿Eres de los que se pillaba un Kinder, se quedaba el regalo y tiraba el chocolate?

– No, me los comía pero tenía como Diógenes de ese rollo…

(trago de gin tonic)

– A ver, que nos desviamos. El punto de inflexión, entonces, fue La Historia Interminable, Marques de Sade y tal… Vale, a ver…

– No me has dicho, siendo tan joven…¿Qué impacto tuvo en ti el Marques de Sade? ¿Perturbador, bueno, malo?… Joder, me acuerdo cuando me leí a escondidas las Edades de Lulú. La serie con portada rosa esa que sacaron de literatura erótica. Estaba deseando leer algo guarrísimo y me quedé un poco pocho. No era para tanto. Otra gran decepción fue cuando vi Portero de Noche en un estado de alerta extremo por si me pillaban. Y en realidad, tampoco es para tanto…

– Bueno, a mi de dejó desubicado, el que te digo. Lo devoré con asombro.

(Salimos a fumar, pedimos más gin tonics y la conversación da un quiebro radical).

– Oye, ¿En qué momento Johnny se hace anarquista?.

– Pues, tío, creo que ha sido una evolución… Ahora tengo 36…

– Te conozco hace años y jamás te he oído hablar del anarquismo, o ideas libertarias, o antisistema y ahora te veo que estás muy metido, muy activo. Sobre todo en lo que escribes últimamente.

– Me he dado cuenta de que es como la ideología que más me seduce ahora mismo en este planeta porque me parece la más coherente, la mas honesta, la mas ética. Cuando cumplí 30 años tuve una especie de depresión, empecé a vestirme de negro y a convertirme en un tipo más oscuro. Fue como una especie de crisis existencial…

– Para mi, y esto es un piropo, siempre has sido un tipo oscuro y es justo lo que me ha atraído de ti, supongo.

– Ya, pero a los 30 peté. Así como de los 18 a los 30 todo fue muy loco, después todo se vino abajo. Nada tenia sentido. Me sentí perdido, triste, descontento… Desamor no era. Antes conseguía trabajo super rápido y, de repente, todo era complicadísimo.

– Se llama Crisis. No eres el único, mira a tu alrededor…

– Ya, exacto… Pero me gusta trabajar y ganar dinero, como a todos…

– ¿Volverías a currar donde habías currado antes?

NO. Yo creo que ya hemos hablado de esto, del discurso barato de “tío, si no tienes trabajo métete en un Burger King a currar”. Precisamente, eso es lo que no quiero. No quiero perder mi tiempo. Vale mas que cualquier trabajo. Sea el que sea. No me refiero que sea mejor que el Burger o la gente que trabaja ahí, ya me entiendes. Aunque sea en una oficina de puta madre. No me aporta nada esa mierda. Ninguno de los dos… No se. Cualquier sitio no me vale. Una cosa es que quiera trabajar y otra suicidarme. No podemos meternos en la máquina del “todo vale”.

– Yo soy un marginal, un desastre…, lo que quieras. Llevo mucho años luchando contra eso y ahora no soporto la frase “tienes que centrarte”. Céntrate tú en tu curro de mierda y a mi déjame en paz. Por lo menos sobrevivo, con eso me vale. Prefiero ser un tirado a tener que vivir tu vida. ¡Ese maldito engranaje!

Cuando vivía sin techo y no tenía casa (o sea, que en pocos sitios tenía donde caerme muerto pero que muchísimos amigos me ayudaron incondicionalmente) la gente me solía decir: “tienes que organizar tu vida, así no puedes estar”. Y yo pensaba. “¿Organizarla como?, ¿Como la tuya?… La tuya me da asco. ¿Qué modelo tengo que seguir?. No hay modelo para mi. No me gusta ninguno. No entiendo ninguno”. Con el alcohol la cagué mazo, eso también es verdad…

Ahora tengo una casa y recuerdo el primer día que dormí ahí. Estaba perdidísimo, asustado, desconcertadísimo… Entre feliz y aterrado. Se me venía todo encima.
Me arrepiento un poco de tener casa. No se si hice bien… ¡Supuestamente (según me decían) la vida tiene que ser maravillosa a partir de ahora!. Y mírame, contando las monedas marrones cada 10 días.

– ¡Ja, ja!…

– ¡Es lo que me habían prometido!… ¿y ahora qué?. Me pillo unos krispis o algo…

– A mi me da miedo tener novia. Ahora tengo novia y estoy guay. Yo necesito cariño, como todo el mundo, pero…

– El cariño no sólo viene de una novia o de una pareja, amigo. También hay muchas otras cosas no-humanas…o que ni si quiera parecen estar vivas, que pueden dártelo. Una conversación (aunque sea de un desconocido), por ejemplo, el cine, un gin tonic… ja, ja. Me estoy flipando… Estamos medio pedo ya… O pedo entero.

– No, me refiero a miedo porque siempre pienso: “por mucho que tu me quieras a mi o yo te quiera a ti, no puedo ser normal”. Estoy condenado.

– Tienes una amiga BASTANTE flexible, que lo sé yo. Joder, me encanta la palabra “condenado”.

– No es que no pueda ser normal, es que no quiero ser normal.

– Estamos en lo de siempre: defíneme “normal”. Yo me considero normal en mi normalidad.

– Me refiero a lo que la sociedad te exige, cuando te dice como tienes que comportarte ante una amiga o pareja o novia, ¿sabes?. Lo convencional…

– A veces tengo envidia de la gente que se cree esa mierda. Es todo mas sencillo porque no nadas a contracorriente, como hacemos constantemente y haremos eternamente. Debe molar respirar un poco. Por eso lo respeto.

– Yo no quiero hacer un papel. Antes me muero solo.

– Ya, ¡Coño!. Todo el mundo sabe donde se mete. No vale luego echar en cara nada… «Así soy, ya lo sabías. No te he engañado».

(vamos a fumar fuera).

– Hablábamos fuera de lo subnormal que es Rajoy y…

– Sí, de lo idiota que es y de qué debe pensar cuando se escucha a si mismo diciendo todas esas gilipolleces…

– Bueno, es un tonto pero ahí está. Los españoles lo han elegido… Esto seguro de que cuando se escucha él se cree un gigolas, un erudito.

– Ya, pero qué movida, no se dan cuenta…

– Hombre, es lo de siempre, la misma puta historia… La derecha siempre estará unida pase lo que pase adorando al líder que sea. Aunque sean unos corruptos, asesinos, la líen, se caguen en la cara de sus acólitos y seguidores… Los fachas siempre serán fachas y se comerán las pollas unos a otros aunque lo que hagan sea vergonzoso y de asco. Esta ahí, no me lo invento. Se justifican ante el fenómeno mas atroz y defenderán a muerte el fascismo. SIEMPRE. Pero lo del la izquierda es triste y da rabia, que siempre ha estado desorganizada y desestructurada… y eso les hace débiles. Soñar también les  ha hecho daño y enfrentarse unos con otros durante la guerra civil mientras Franco negociaba con Hitler un arsenal de armamento extremo. Les ha pasado toda la vida. Aunque vendan lo que vendan. A mi la izquierda de ahora (y la de antes) también me da igual, que conste… Pero bueno, esto no es nada nuevo. Sigamos..

– Pero esta podrida ahora mismo. Digo la derecha…

– Bueno, para mi lo ha estado siempre. Me estoy calentando…

– Ahora huele muy mal, es más obvio que nunca.

– Yo ya no se ni que es izquierda ni que es derecha. Porque en este país, la izquierda de hoy en día, puede ser peor porque viene camuflada.

– Por eso te decía que la opción anarquista, aunque no lo seas, es la mas coherente. Mucha gente lo es sin saberlo ahora mismo. De eso hablábamos el otro día…

– Si, pero la mayoría de la gente lo entiende como algo violento, caótico, agresivo, ideología de bestias, gente inculta, de cromagnon que te va a pegar, la puta historia de la utopía… … No, tío, para mi es cultura, cultivarse, creer en el poder de la union, espiritualidad, agitarse, inconformismo, la justicia, nuevos horizontes, renovación, evolución, ciencia… yo que sé… Y luego lo tachan de violento. Violento lo eres tu que has votado y encima al fascismo. ¡Joder!.

– Exacto…

– No hay nada peor. Dentro del anarquismo o neo-anarquismo o actitudes libertarias, antisistema, de la nueva era, lo que sea, que cada uno lo interprete a su manera, saque sus conclusiones… incluso que construya otros caminos porque los tiempos no son los mismos que antes y se necesitan nuevas ideas revolucionarias. Está claro que todo es totalmente diferente y hay que afrontarlo y entenderlo de otra manera.  Todo ahora es como mas radical o algo. Ambos lados… La aparición de la agricultura acabo con el futuro de la raza humana. Era cuestión de tiempo.

– No te calientes… A ver, mi abuela era de derechas pero…

– Ahí quería llegar, ¿Cómo ha sido para ti, siendo de tendencias anarquistas o libertarias o loquis (risas), vivir con una persona de extrema derecha?. Facha, vamos, casada con un miembro de la División Azul. ¿Se hacía la loca?… porque era una mujer del fascismo, eso está claro.

– Bueno, espera, por partes… Mi abuela cuando tuve edad para votar me soltaba frases del rollo: “aquí votas a la derecha o te vas de casa”, tal cual…

– Espero que hicieras las maletas. Por favor…

– A ver, tranquilo, NUNCA lo hice. Me acuerdo que en esa época, para calmar las cosas, decía que era ácrata. Eso le jodía un montón, refunfuñaba pero a mi me la sudaba. Se rayaba un poco, sí. Pero yo creo que mi abuela era de derechas por su marido, por las circunstancias… Bueno, que mierda, en realidad…

– ¡Ja,ja!. No me vale. Eso no me vale, en absoluto. No hay excusa. Me has enseñado papeles de tus abuelos, de la División Azul y demás… que los he mirado con asombro porque acojonan y porque estéticamente son bonitos de cojones. Pero son fuertes, ¿eh?. Vaya tela. Son grandiosos, el águila, los escudos… ¡qué grandilocuencia, qué sublime…oh!.

– Tú, fíjate… A los que volvieron de la División Azul… cuando volvieron… flipas. Yo no sé que cojones era mi abuelo antes de la División Azul (de la que fue voluntario, ¿eh?), pero al volver de la guerra, de repente, era administrador de fincas, era director de una empresa eléctrica, les pusieron una bombonería en el edificio de España, una tienda de electrodomésticos en toda la planta baja… flipas. Y, espera, que luego era colega de Bernabéu y toda esta peña.

– Una puta joyita, vamos… Que horror.

– De hecho, hay un libro del Real Madrid (de hace no sé cuantos años) que está dedicado a mi abuelo. Era tan del club y de la iglesia…

– ¿Tú lo conociste?

– No, era muy pequeño. Es que, cuando se murió toda la peña…

– Joder, no digas “toda la peña”. ¿Quieres comentar un poco sobre eso?

– Sí, no me importa. Gran parte de mi familia se murió en un accidente de coche cuando yo tenia 3 años. Ibamos en el coche todos: mi madre, una tía mía, mis dos hermanas y yo… Entonces se murieron todos menos yo. Y al mes siguiente mi abuelo de una enfermedad, no hagamos comentarios… Entonces, de repente, a mi abuela se le había muerto todo el mundo y sólo le quedaba yo.

Mis padres en aquella época estaban separados porque mi padre era un alcohólico. Mi abuela se hizo cargo de mi pero, como mis padres no estaban divorciados todavía, mi padre denunció a mi abuela porque quería mi custodia. Lo que quería era la herencia porque yo se la sudaba. Como mi abuelo era funcionario del Estado y era quien era… pues tenía pasta. Mi padre llevo a juicio a mi abuela… ¿Sabes quién era la abogada de mi padre?

– Almeida.

– ¡ Hostias, lo sabías!

– No, no… ¡lo juro!. ¡En serio, no se por que lo he dicho!

– Bueno, pues eso… porque mi viejo era un poco de izquierdas y tal.

– Menuda batalla campal. No se que pensar de la muerte de tu abuelo, de lo que representaba, de la caradura de tu padre, del karma, de si se hizo justicia… tengo sentimientos encontrados ahora mismo pero creo que se donde posicionarme…

– Pues al final, consiguió mi custodia. Estuvo 4 años conmigo y cuando se fundió la pasta me dejo atrás.

– Esto es loquísimo.

– Si, tío. Cogió la pasta, vida loca y desapareció. Se gasto todo mi dinero. Lo tiro, vamos.

– Vaya, lo siento, pero… Tú te lo hubieses gastado en lo mismo, incluso a los 16 (risas)…

– Ya, ¡coño!. Pero era mi dinero…¡Ja, ja!. Fue complicado. En el fondo soy el típico heredero destronado.

– Si, claro. Tranquilo, Delibes…

– ¡Que sí!… me destronaron. Bueno, me la suda, en realidad. No es un drama… Nada, esa es la historia. Después de eso empieza la historia con mi abuela. Ya está resuelto el misterio.

– ¿Y tu abuela nunca te habló de este tema siendo más adulto?

– Opinar, ¿de qué?… Mi abuela odiaba a mi padre y punto. Lógico. Siempre se llevaron fatal. Mi padre tenía denuncias por abandono del hogar y por alcohólico. Se meaba en el sofá.

(silencio largo)

– Oye, y… ¿menuda hostia en coche, no?

  Sí. Iban por una carretera… Yo no me acuerdo de nada. Lo único que recuerdo es levantarme en un hospital escayolado entero. El accidente fue por culpa de un perro que se cruzó, y para no matarlo, se cambiaron de carril. Se chocaron contra un taxi que venía de frente. Volantazo y a la mierda.

– Lo siento…

– No pasa nada. Yo no he conocido a esta gente, si lo piensas. No puedo echar de menos a alguien a quien no he conocido, ¿sabes?. Mi vida, en realidad, empieza en el hospital, que yo recuerde. He visto a mis hermanas en fotos. Tenían 7 y 8 años. Se llamaban Ana y Marta. Ana, Marta y Juan.  Típicos nombres, sin complicaciones, no hay más, ¡ja ja!. Sota, caballo y rey.

Son cosas que pasan en la vida. Está toda la información en la esquela.

El único trauma que tengo es lo del carnet de conducir. Me da como miedo o respeto, no sé. Será el subconsciente, ahí, actuando… A ver, si no hubiese pasado esto ahora sería una persona totalmente distinta, eso es de cajón…

– Te queremos así.

– Podría ser, ahora mismo, un abogado. Seguro que tendría una vida hipotecada y condenada al fracaso.

(trago de gintonic y silencio)

– Entonces, volvemos a la universidad, ¿ok?

– ¡Hostia! no jodas… ya sabemos que eres licenciado.

– No, no te enteras. Soy diplomado. En fin, cuando se termino lo de currar y empezó lo de la crisis pues aproveché para escribir como un loco y ahí me quede. Luego vino la otra crisis: la existencial, la chunga de verdad que lo cambió todo…

– Pero, oye, otra cosa: siempre te recuerdo escribiendo por ahí, en bares, en la calle… Esos cuadernos marginales (para mi marginal es bueno, que conste), ¿nunca han visto la luz?.

Bueno, en realidad, hay dos maneras de escribir: condicionado porque va destinado a alguien que lo va a leer o totalmente libre porque sabes que nunca verá la luz y se queda contigo para siempre. Para molar a los demás o para flipártelo tú solo (risas).

– Pues, lo que te conté. Todos los cuadernos los tire a la basura. Nadie los leyó ni los leerá jamás. Los quemé. Te he contestado, ¿no?. No sé por qué lo hice…

– No mola, no lo hagas más… Yo todos los diarios, desde que tengo 14 años o así, los tengo guardados. Los lees después de los años y es algo extra-planetario pero si que es verdad que la mayoría están dirigidos a una tercera persona. Hay un ente omnipresente que me condiciona y es bastante fuerte. Se pierde la inocencia, la espontaneidad y demás. Es un poco como el arte, entre comillas. Me refiero a que es como dibujar. A veces me pregunto “¿esto le molará a alguien?”. Es dibujar para molar o algo así. Es una sensación extraña y a veces me colapsa. Ese ansia por gustar y no decepcionar a los demás es un claro ejemplo de la losa que llevamos encima del cristianismo: el miedo. Es prácticamente imposible abstraerte del “¿Qué dirán?”… Esta dentro, va en nosotros, de serie… Lo que te digo: el puto cristianismo. Como lo de tocar en directo si tienes un grupo. Quédate en el local y se acabó. No alimentes tu ego. A ver, esta claro que el intercambio de energía es necesario…

– Si, si entiendo lo que dices. De eso no hay duda…

– Tú das, ellos reciben.

– Ya, eso es lo que tiene… Yo cuando escribo no pienso si voy a ofender a alguien o no. Únicamente intento vomitar lo que llevo dentro, sin ningún tipo de coacción. Hacer todo eso es una especie de lastre. Lo de guardar tantos libros. Lo mío fue como algo impulsivo, como volver a empezar y ya está.

(silencio larguísimo).

– Oye,¿ Cuántas drogas has probado? Escribir sobre sus efectos, ¿eres partidario o no?.

– A mi, alrededor de los 30, quizá finales de los 20, me empezó a interesar muchísimo la droga más fuerte.

– De forma recreativa o…

– No se, de forma experimental, curiosidad… Me apetecía de todo tipo. Antes de los 30 era un poco anti drogas…

– ¡¿Tú!?, ¡si eres la persona mas drogadicta del mundo!…

– ¡Ja, ja! !¿Qué dices?!. Cualquiera que lea esto va a flipar. No soy un apestado. Eso sí, la marihuana, SIEMPRE, pero no pasaba de ahí. No me interesaba nada más. Había probado cosas pero sin importancia. No me llamaba la atención. Después de los 30 la cosa se complicó (risas). Heroína, speed, LSD, setas… quería probarlo todo lo más rápido posible. Sin ninguna razón en especial.

Es curioso el efecto que hacen las diferentes drogas a la hora de escribir… Los efectos de la mezcalina y del opio son curiosos. Opio es lo que más me mola. Es brutalísimo. ¿Has leído Opio de Jean Cuc.. Cuctó o algo así?.

– Cocteau (dicho tal cual).

– Ese. El de la desintoxicación.

– No. Se cual es. ¿Que tiene dibujos y tal?

– Lo tengo en casa, a ti te fliparía. Esas cosas son la hostia. Con la mezcalina no es lo mismo. Aún puedes coger un lápiz. Con el opio como te pases no puedes ni andar.

– Yo tengo aquí un tripi, si quieres…

– No. Bueno, sí. Después (risas).

– Es mentira, no tengo nada. Era para probarte.

– Recuerdo la primera vez que tomé LSD. Era un Sábado por la noche, me fui al bar Rincón y me pedí una caña con un pincho de tortilla yo solo. Me acuerdo, además, que iba con una chaqueta marrón de flecos a lo Easy Rider. Iba tan sudado que parecía que había diluviado. Me senté, saqué el cuaderno para escribir y cuando me di cuenta y me incorporé, habían pasado 2 horas. Te lo juro. Todo el mundo me miraba en plan “¿y este pibe?, le va a dar algo”. La caña intacta. Me fui. No podía comer, no podía escribir, no podía beber… ¡Nada!. Me dio un viaje que flipas pero, lo mejor, es que había quedado con una tía para ir al cine…

– Fuisteis a ver Tiburón y tú pensabas que estabas viendo una de Jodorowsky, ¿no?.

– ¡Ja, ja. No, pero llegue con una estampa… Los pelos como si me acabara de pelar con alguien. Intenté disimular pero cuando se apagaron las luces tuve que confesarla que iba flotando. Empecé a enrollarme con ella antes de que empezara la peli. No habían empezado ni los trailers.

– ¡ JA, JA!.

– No volvi a verla.

– ¡Pero si nunca la llegaste a ver de verdad!. Estabas besándote con una butaca, seguro. ¡Ja, ja!.

A mi me paso algo parecido. Estaba en la sala Sol con una tía y tome LSD. Fue sin querer, no entraba en los planes. Todo estaba bajo control hasta que, supuestamente y a mi parecer, estábamos bailando tranquilamente. Cuando me di cuenta la vi al otro lado de la sala, a lo lejos, mirándome, haciéndome señales del tipo “¿qué cojones haces?”. Se me acercó y me dijo “tío, llevas 1 hora bailando con peña que no soy yo”. Te juro que creí que llevaba bailando con ella 1 hora y, en realidad, estaba bailando con peña random. Después, de camino al metro fue una pesadilla. Todo se estiraba, las distancias eran eternas, todo se me hacia grande y pequeño de repente. La miraba y la veía a kilómetros y al segundo deformada.

– ¡Ja, ja!. sí, sí… que las farolas se retuercen y todo es anguloso…

– Sí, eso eso. Intenté disimular andando con normalidad pero andaba mazo raro, como dando zancadas a cámara lenta. Era todo absurdo, rozando la barrera del ridículo. Al llegar a la boca del metro me dijo: “tío, estas raro. Llevas raro toda la noche…”. La confesé que había tomado LSD y que estaba flipando. Ella se metió en el metro, creo que enfada, no sé, me da igual. Me senté en un portal a gozármelo yo solo. Ahí le di rienda suelta al viaje y fue guay. Luego me fui a casa tan feliz…

– Hay drogas… que el efecto es diferente según como las tomes, lo “que te da” es distinto. El opio cuando lo comes es totalmente distinto a cuando lo fumas.

– Yo me acuerdo en casa de XXX, que nos diste un poco de opio y te rayaste macísimo. De repente, te cambió la cara y te fuiste sin decir nada. Cuando nos quisimos dar cuenta ya no estabas. Te hicimos una broma de no sé que y te fuiste chinado. Fue aquella noche que le dije a XXX que era antisemita cuando, en realidad, quería decir antisionista. Estaba leyendo El Diario de Spandau y me estaba afectando demasiado. Nunca llegamos a entender por qué te fuiste.

– Una vez, había fumado un montón de opio, cuando vivía en Quevedo en una casa tipo Transpotting.

– He estado. ¡Qué mal olía, tío!. Era un vertedero…

– Había pintadas en las paredes, mierda en el suelo, olía mal… Pues, tío, me dio una movida muy jevi. Mirando al techo veía como ejércitos, una especie de Napoleón… Tuve unas visiones y unas movidas… Menuda película me monté, colega.

– Eso mola: dar rienda suelta al viaje cuando estás en tu cama y sabes que no la puedes liar. Estás en un sitio seguro.

– Tío, a mi nunca me ha dado un mal viaje de nada, con ninguna droga.

– A mi sí pero no chungo de los que dan mal rollo o de dejan atrapado de por vida. Creo. Bueno, miento. Una vez con (oculto el nombre) después de una sesión increíble  de ositos nexus de esos con mezcalina en la cama, ella se quedó dormida mientras yo seguía con el vacile y la paranoia. Me pase de la raya. De repente, no se por qué razón, de la nada, empecé a imaginarme que estaba en Birkenau, en un barracón. Hostia, todo se volvió gris de repente y me entró el agobio del siglo. Tenía la sensación de que los Nazis iban a entrar en cualquier momento a dispararnos. Lo pasé fatal. Era super real. ¡Hasta llevaba el pijama de rayas!, lo podía tocar… Pasamos de estar en las playas de California disfrutando de un atardecer y de una secta culto a Satan de los 70s, a estar en un campo de concentración. Hasta podía oler el tufo a barro y mierda. Fue algo chunguísimo, te lo juro. ¡Duro HORAS!

Bueno, a ti te he visto con la cara descolorada más de una vez, ¡cabrón! (risas).

– Bueno, eso es la farlopa. Eso le pasa a todo el mundo. Recuerdo una vez en un after, que me ofrecieron quetamina y el tío que me la ofreció a los 30 segundos estaba en el suelo haciendo cosas raras. Vino la ambulancia.

– Joder, eso no era quetamina…

  Eso pensé yo. Estaba acojanado porque empecé a creer que me iba a pasar lo mismo. El problema es la cabeza, depende de como la tengas o por lo que estés pasando. Hay gente que se fuma un porro y se cae redonda…

– Yo mismo. No lo soporto. Ni media calada. Es mi Kriptonita. Lo toco con un dedo y tienes que llamar al Samur.

– Es mentira, yo te he visto fumar porros aquel día que fuimos a los jardines esos del Palacio Real. Con unas latas…

– Si te fijas bien, no daba caladas… Lo pasaba rápido. Esos jardines son la hostia, no sé como se llaman…

– Hay un guardia que te echa a las diez. Eso no mola.

(silencio largo y más gintonics).

– Pues eso, a los 30 empece a tomar mucha droga. Fue cuando empecé a salir por Malasaña y todo eso.

– Bueno, droga ya tomabas. El alcohol es droga y llevas fumando desde los 12. Elegiste las dos peores…

– En la primera temporada de Malasaña tomaba mucha farlopa. Mucha…

– Para hacer eso hay que ser una persona pudiente.

– Ya, pero no te creas. Está en todos lados.

– Yo creo que tu eres mas de drogas de tierra, de raíz…

– A mi me gustaba mucho la trilogía de la farlopa, la marihuana y el alcohol. Después vino el speed, el opio, la mezcalina, el GHB, LSD, heroína por la tocha…

– Joder..

– El día que pillé opio, que quedé contigo, me pararon los maderos en la Corredera. A las putas 11 de la noche, sin llevar una birra, sin hacer nada. Iba tan tranquilo. Me pusieron 200 pavos de multa. Llevaba porros y opio y había uno que sabía muy bien qué era que. Me hicieron vaciarme los bolsillos y al preguntarles por qué me paraban me dijeron: “tienes cara de sospechoso”.

– Pues, haberle dicho: “y tú también”. Que asco.

– Eran 3 que parecían gays de gimnasio.

– ¡Qué asco!… a ver, no por los gays…

– Ya, ya.. Eran 3 estupas con una estampa horrible.

– Bueno, como todos. Es obsceno. ¡Dejadnos vivir!.

– Oye, hemos estado hablando mucho sobre drogas y se van a creer que somos un asco de personas. En realidad no es para tanto. Nos hemos flipao…

– Ya, suena a que vivimos al límite y somos unos pochos, en realidad (risas).

– Vamos a tener que hablar en clave. Vamos a llamar al opio “el viejo de la montaña”.

– Mejor “señor Molina”.

– No. Es que hay un libro que lo llaman así.

– ¿Qué dices de la montaña de Thomas Mann? ¿Ese libro?.

– No,no. Es un libro japonés que se llama Han Shan: el maestro del monte frío.

– Ni puta idea.

– Te lo voy a dejar.

– Para terminar quería preguntarte algo rollo “¿por qué has decidido editar en Oscura Plata” o algo así. Pero no se, esta entrevista tiene pinta de no acabarse nunca..

– Cada vez estoy menos contento y soy más radical. Quiero cambiar las cosas y Oscura Plata es una opción perfecta ahora mismo. Tanto estéticamente, como de textos y de todo. No veo otro formato ni otro sitio más guay donde puedan estar esos textos.

– Bueno, también te van a publicar en otros sitios ahora.

– Si, pero no tiene nada que ver. Es más místico.

(risas).

 


«NO HABER NACIDO» by Johnny Toss

Recopilación de fotos, prosa, poesía, documentos gráficos de un dictadura criminal, agitación emocional, protesta, arañazos, inconformismo, diálogos con un futuro aterrador, planes, pensamiento celestial…etc.
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